Vocación de la Oblata

  • icon LA VOCACIÓN DE LA OBLATA
  • ¿Qué es la vocación?
  • Dios me llama pero....
  • icon ¿Tengo cualidades....

Por su profesión, la oblata queda unida de modo especial a Cristo Sacerdote. Su ofrenda, asociada al sacrificio redentor de Jesucristo, se va convirtiendo en realidad concreta y continuamente vivida por la progresiva configuración con Cristo pobre, virgen y obediente hasta la muerte de cruz.

Dentro de la vida contemplativa, la Congregación de HH. Oblatas de Cristo Sacerdote tiene un fin específico que está en la razón de su origen y nacimiento. Este carisma, recibido del Espíritu Santo, es cooperar espiritualmente a la santificación de los sacerdotes y aspirantes al sacerdocio. Los Padres Fundadores, han recogido el latido del corazón de Cristo expresado en su última Cena cuando, sabiendo que su vida estaba a punto de terminar, se dirige a su Padre en la oración sacerdotal (Jn 17) y expresa su amor y preocupación por sus apóstoles: “Padre, yo te ruego por ellos, y por ellos yo me ofrezco en oración para que sean santificados en la verdad”. La oblata, recoge este latido y se ofrece para que este deseo de Cristo sea una realidad en la Iglesia y en el mundo.

“El alma Oblata tiene que romper las tapias del convento y surcar los mares y llegar hasta el último confín de la tierra con la misma caridad con que Cristo está presente, con su mismo Amor Redentor [...] Desde el escondite de su vida “escondida con Cristo en Dios”, vacía de toda mira personal, entregado todo su ser en oblación “pro eis et pro Ecclesia”, sabe ir muriendo, es envoltura del Corazón de Cristo, para que ese “los amó hasta el fin” llegue hasta el último término de la tierra. Y aquel misionero perdido, desconocido en su misión; aquel sacerdote incomprendido; aquel otro en peligro; aquel lleno de ilusiones, pero sin posibilidades; aquel otro demasiado sostenido por sí mismo… Todo ese mundo de sacerdotes…, hombre entre los hombres, segregado para ser otro Cristo en donde Él deposite sus mismos poderes. ¿Qué siente el corazón de Cristo? Los hace “otros Él” y tienen que llegar a la realidad de que sólo Cristo sea su vida y exigencia. Y no están inmunizados, porque, sin ser del mundo, están en él. Tienen que estar en el mundo siendo de Dios; tienen que darse a las almas sin perder su permanencia en solo Dios. Ese mundo de peligros, de lucha, de dificultades, de tentación, de tensión, de camino borroso, de poca ayuda…”

Madre María del Carmen

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¿Tengo yo vocación?

Tú no le eliges a Él, sino que es Él quién te elige a ti. Por ello es importante discernir cuál es su voluntad y no dejarse llevar por impulsos o por lo que a ti te gustaría: podrías pensar que no tienes vocación cuando en realidad Dios te está llamando; o podrías creer que es la llamada de Dios cuando es sólo un deseo tuyo. Es aconsejable la ayuda de un director o un guía espiritual. Siempre puedes hablar con sacerdote y con una persona consagrada.

Él llamará a tu puerta. No tengas miedo, ten el corazón abierto y déjale entrar. Pregúntale: Señor, ¿qué quieres de mí? A sus elegidos les dirá: déjalo todo y sígueme. No tengas miedo a seguirle, el Señor te llama para que le sigas en ese momento, no te hagas el sordo, no lo dejes para otro momento. Como hizo María dile: “Hágase en mí según Tu voluntad”

Si eres uno de sus elegidos, si te ha llamado a seguirle de una forma radical, tendrás que discernir cuál es exactamente el plan que Él tiene para ti dentro de la vida consagrada. Tendrás que buscar la orden, congregación o instituto secular con cuyo carisma se identifique tu vocación. Ponte en contacto con la congregación, habla con sus miembros, ellos te ayudarán a discernir si esa es verdaderamente tu vocación.

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“Y, si en lo profundo de vuestro corazón sentís resonar la misma llamada al sacerdocio o a la vida consagrada, no tengáis miedo de seguir a Cristo en el camino de la Cruz”
Juan Pablo II en la JMJ 2002, Toronto


Es normal tener miedo una vez que hemos escuchado la llamada del Señor. Te da miedo dejarlo todo, no entiendes por qué te ha elegido a ti, no sabes si serás capaz. Te preguntas si serás feliz en esa vida, si puede realmente aportarte algo, aportar algo a los demás, al mundo. Puede que la vida consagrada no estuviera entre tus planes, puede que ya tengas una vida hecha que no quieres abandonar. Quizás desearas ser madre o padre.

Pero piensa:

·         “¿de qué te sirve ganar el mundo si pierdes tu alma?” (Mc 8, 36)

·         Dios te ha elegido porque te ama, porque ese es el plan que tiene para ti.

·         No has de pensar en tus limitaciones pues Él te dará fuerzas para superar cualquier dificultad. Pídeselo siempre y cuando lleguen momentos difíciles pídele que te de fuerzas y perseverancia.

·         Dios te ha creado para la vida consagrada, así que ahí esta tu felicidad. Él te ama y quiere lo mejor para ti.

·         No pienses sólo en lo que dejas sino que piensa también en lo que recibirás. La recompensa será mucho mayor que tu sacrificio.

·         El sentido de la vida consagrada es dedicarse por completo a amar: a Dios y a los hombres. Tú estarás al servicio de los demás en exclusiva, el Señor se servirá de ti para amar de forma infinita a los hombres. De ti dependerá la salvación de muchas almas y, a la vez, contribuirás a que los hombres encuentren su camino a la felicidad.

·         La vocación a la vida consagrada no es renunciar a la maternidad o a la paternidad, sino que a través de ella, ésta llega a su plenitud: no tendrás varios hijos naturales sino una maternidad o paternidad espiritual que se extenderá a todos los hombres.

Es bueno que estés en contacto con personas consagradas, así verás la felicidad que supone dejar todo por seguir a Cristo. Además ellas podrán guiarte y ayudarte a vencer tus miedos.

No lo olvides, nada es imposible para Él.

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Es cierto que a la hora de discernir cuál es la voluntad de Dios conviene reflexionar sobre las capacidades y limitaciones con las que contamos para poder vivir las exigencias que implica la vocación. En ese caso, un sacerdote o una persona consagrada pueden ayudarte a discernir qué es lo que Dios quiere de ti.

Sin embargo, si Dios te llama a la vida consagrada, ten por seguro que él te ha dado la gracia para superar cuantas dificultades puedas tener. Ten en cuenta que tú no has de consagrar tu vida porque lo desees, sino porque Él te ha llamado a ello. Ése es el plan que Él tiene para ti.

No hay que tener miedo. Él te conoce mejor que nadie y, no te escoge por las cualidades que puedas tener, sino por un acto de amor hacia a ti. Él te dará todas las fuerzas que necesitas.

No eres la única persona que se asombra de que Dios pueda haberla elegido. Piensa que Pedro pidió al Señor que se alejara de él porque era un pecador. Hasta la Virgen María se turbó ante la invitación del Ángel. El miedo se vence con mucho amor y una confianza plena.

No estás sola, Jesús está contigo para ayudarte a superar todas las dificultades. Abandónate en sus manos.

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Dios me llama pero, tengo miedo a seguirle

“Y, si en lo profundo de vuestro corazón sentís resonar la misma llamada al sacerdocio o a la vida consagrada, no tengáis miedo de seguir a Cristo en el camino de la Cruz”
Juan Pablo II en la JMJ 2002, Toronto


Es normal tener miedo una vez que hemos escuchado la llamada del Señor. Te da miedo dejarlo todo, no entiendes por qué te ha elegido a ti, no sabes si serás capaz. Te preguntas si serás feliz en esa vida, si puede realmente aportarte algo, aportar algo a los demás, al mundo. Puede que la vida consagrada no estuviera entre tus planes, puede que ya tengas una vida hecha que no quieres abandonar. Quizás desearas ser madre o padre.

Pero piensa:

·         “¿de qué te sirve ganar el mundo si pierdes tu alma?” (Mc 8, 36)

·         Dios te ha elegido porque te ama, porque ese es el plan que tiene para ti.

·         No has de pensar en tus limitaciones pues Él te dará fuerzas para superar cualquier dificultad. Pídeselo siempre y cuando lleguen momentos difíciles pídele que te de fuerzas y perseverancia.

·         Dios te ha creado para la vida consagrada, así que ahí esta tu felicidad. Él te ama y quiere lo mejor para ti.

·         No pienses sólo en lo que dejas sino que piensa también en lo que recibirás. La recompensa será mucho mayor que tu sacrificio.

·         El sentido de la vida consagrada es dedicarse por completo a amar: a Dios y a los hombres. Tú estarás al servicio de los demás en exclusiva, el Señor se servirá de ti para amar de forma infinita a los hombres. De ti dependerá la salvación de muchas almas y, a la vez, contribuirás a que los hombres encuentren su camino a la felicidad.

·         La vocación a la vida consagrada no es renunciar a la maternidad o a la paternidad, sino que a través de ella, ésta llega a su plenitud: no tendrás varios hijos naturales sino una maternidad o paternidad espiritual que se extenderá a todos los hombres.

Es bueno que estés en contacto con personas consagradas, así verás la felicidad que supone dejar todo por seguir a Cristo. Además ellas podrán guiarte y ayudarte a vencer tus miedos.

No lo olvides, nada es imposible para Él.

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